Diez páginas, siete decretos
Cada uno con su síntoma observable, el mecanismo neurológico que lo sostiene, la frase-veneno que lo emite y una reformulación operativa concreta.
- El "tengo que" — sobreexigencia
- El "es que yo soy así" — identidad fijada
- El "no merezco" — techo de merecimiento
- El "todavía no es el momento" — aplazamiento
- El "es lo que hay" — resignación normalizada
- El "tengo que ser auténtico" — paradoja de la performance
- El "ya lo sé" — la armadura del saber
La buena noticia es que ver uno desactiva la mitad. Nombrar un decreto en voz alta, mientras pasa, le quita poder.